Cementerios
Pensé que tenía que dejarle de escribir para poder deshacerme completamente de él.
Porque no quería que me ocurriera como cuando uno le llora mucho a los muertos o se lamenta todos los días después del día de su muerte y no los dejamos descansar.
Y luego dicen que se vuelven fantasmas y que andan por ahí cambiando los objetos de lugar o azotando las puertas.
Él ya hizo un buen desastre en mi vida como para dejar que se vuelva fantasma y tener que vivir –aunque no quiera- todos los días con él, con su recuerdo o su aroma o la sensación de que me espía cuando me estoy bañando. Es más fácil hacerse a la idea de que alguien murió y así poder olvidarlo, que pensar que sigue caminando por ahí, con alguien más. Alguien más que no eres tú.
Frima, desde dónde habitan, mueren y resucitan los recuerdos


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